Así nace la colección Fluye
Febrero de 2020, tan ilusionada de emprender vuelo con los colibrís de la colección ¡A volar! porque estaba lista para todo en la vida. ¿Lo recuerdan? Ja. Ja. Ja.
Ahhh el universo, los dioses, la madre naturaleza, todos se pusieron de acuerdo para ponernos tremendo reto y darnos una enorme lección.
¿Cómo les fue este último año?
La verdad, a mí se me hizo fácil, resultaba que mi estilo de vida “normal” se llamaba cuarentena. Ay por favor, si no es tan difícil trabajar en casa, no pasa nada si no ves a tus amigos seguido, saludar estilo japonés, sin besar ni abrazar, está perfecto. Solo hay que aceptar, comprender, sobrellevar, tolerar, resistir, aguantar, soportar, sufrir hasta que la situación se calme. Subestimé el encierro por completo.
Pensamos que sería solo un ratito, así que manos a la obra, hay que aprovechar el tiempo. Era el momento para retomar un hobby o hacer eso que no nos daba tiempo. Aprendimos a cocinar, bordar, carpintería, jardinería e idiomas. Instalamos todo tipo de apps en el celular y tableta: ejercicio, meditación, finanzas personales, súper y zoom. Nos adaptamos a hacer home office, tomar clases en línea y reunirnos con amigos en una pantalla. Nos convertimos en maestros, técnicos en dominio de impresión de tareas urgentes, verificadores de conexión a Wifi, supervisores de niños estresados que no pueden ir a la escuela. ¿Qué me dicen del arte de la limpieza del hogar?
Un año de dualidad y contrastes. Reímos y lloramos, desesperación y calma, agradecemos a pesar de quejarnos mucho; por fin pasamos tiempo en el hogar y queremos salir corriendo; amamos y alucinamos a familia; comida sana vs. antojo por garnachas; queremos ir al cine aunque haya cantidades infinitas de películas en streaming. Hemos extrañando tanto, pero apreciamos y valoramos las pequeñas cosas que nos hacen felices.
Hace un año vigilaba cada movimiento que hacía. Por ejemplo, al terminar de hacer el súper, gel; ay ya toqué otra vez el carrito y las bolsas del súper. ¿Gel ahorita o cuando las suelte? Uy o mejor después de echarlas en la cajuela, ok, gel, ah la puerta del coche, gel, la llave, los lentes, gel, el cubre bocas, gel, no, mejor toallita desinfectante. ¿Toqué el volante? Por si las dudas, gel. ¿A qué hora me puse el cinturón? Pues gel, ok vámonos a la casa, ay comezón en la nariz, aguantar, hacer caras raras para que se quite la comezón. ¿Me podré rascar con el brazo? Mejor sigo aguantando hasta lavarme las manos. Ya en casa, ¡fiu! No, todavía no, poner las cosas en las estaciones de desinfección, separar lo de alacena, gel, refrigerador, gel, auto desinfección al aire libre por 48 horas, gel. ¡Ohhh nooo! Se me metió algo en el ojo, lavar manos cantando lentamente happy birthday con el ojo cerrado, ñaaa se resbalan los lentes, no los he limpiado, lysol, desinfectar celular, aventar la ropa de calle en la lavadora y meterme a bañar.
A G O T A D O R. ¿Recordaron ponerse crema después de tanto gel antibacterial?
Hoy me doy cuenta que hago muchas de esas cosas en automático, he creado nuevos hábitos, ya no necesito fijarme en cada minúsculo detalle porque se han vuelto parte de la cotidianeidad, ya no me agobio (tanto) y he aprendido a vivir y convivir con esto. Teniendo siempre presente un principio básico: para cuidarte, me cuido.
Hemos visto de primera mano cierres de negocios, pérdidas de trabajo, mudanzas obligadas, muerte de familiares y amigos. P-i-n-c-h-e COVID.
Sentí que amarraron mis alas veloces de colibrí, y caí inmersa en la rutina, días de la marmota interminables, monotonía en niveles inesperados, sentí que había perdido mi libertad.
Pero también hemos entendido que la vida sigue, con pequeños cambios o con un giro de 180 grados. Hemos tenido esta gran oportunidad de introspección, de conocernos mejor, de poner límites y de ser tolerantes. Nos adecuamos, nos transformamos, nos adaptamos, nos renovamos y nos seguimos moviendo porque hay que seguir, no hay más. OJO, esto no es una carrera, cada quien a su ritmo, habrá quien quiera ir a toda velocidad, otros con sus pausas, y la mayoría con retrocesos y avances.
Y lo que hay que hacer es fluir, les prometo que no es un cliché.
Si fluyes en ríos rápidos, ponte chaleco salvavidas y siente la adrenalina;
Si fluyes en un lago tranquilo, disfruta la calma;
Si fluyes en un cenote, encuentra el misterio;
Si fluyes en grandes o pequeñas olas, siente el vaivén;
Si fluyes en una alberca, nada, chapotea o flota; y
Si fluyes en una pecera, como un ajolote o un kingyo, te aseguro que no te sentirás atrapado ni encerrado, porque si fluyes, eres libre.
Los ajolotes son anfibios endémicos del lago de Xochimilco, su nombre significa monstruo de agua (del náhuatl ATL agua, XOLOTL monstruo) y en la mitología azteca, es hermano gemelo de Quetzalcóatl, la advocación acuática del dios Xólotl, el ser que desafiaba a la muerte. Tienen la capacidad de regenerar, reparar y reemplazar muchos de sus órganos y tejidos sin dejar cicatriz. ¡Wow!
La traducción literal de kingyo es pez dorado (金 KIN oro 魚 GYO pez) se han criado desde hace cientos de años en los estanques ornamentales de los templos budistas por su belleza, son símbolos de buena fortuna, prosperidad, abundancia y riqueza.
Con un pedacito de mi corazón y mis mejores deseos, he aquí:
FLUYE
Colección 2021.
Yoshiko Ruiz de Chávez Nishimura.
CDMX 03-2021